Master en mentiras

Es frecuente escuchar en las tertulias políticas el asombro que produce en muchos tertulianos la capacidad de mentir sin inmutarse de Esperanza Aguirre, la otrora lideresa del PP madrileño, hoy cadáver político arrastrada a la dimisión por las innumerables “ranas” de las que se rodeó, a las que aupó a cargos de poder y que cometieron toda clase de corruptelas sin que ella, o eso dice, se enterase. Su frase “Yo destapé la Gürtel” forma ya parte de la Historia negra de la política española, el absoluto desprecio a la verdad que constituye, junto con la absoluta convicción con la que fue pronunciada la hacen indudablemente merecedora de ello.

Si bien, estos días el dudoso honor que ostenta de ser la política española que más descaradamente ha mentido a la ciudadanía le puede ser arrebatado por Cristina Cifuentes. He de reconocer en Cifuentes un don para lograr lo que parece imposible, no sólo logró apartar del poder a Aguirre, sino que también fue capaz, si nos atenemos a su versión, de conseguir que le regalaran un master sin cometer ninguna irregularidad ni hacer presiones para conseguirlo, en definitiva, de que se lo regalaran mientras ella creía firmemente haberlo aprobado legítimamente.  Pero esto que ahora se dispone a hacer la señora Cifuentes es aún más difícil que lo anterior, aún más imposible, va a lograr que, por primera vez en la vida política reciente los españoles y españolas conozcamos a una dirigente política capaz de superar la desfachatez y la sinvergonzonería con la que Esperanza Aguirre nos mentía a la cara.

Es cierto que al seguir la trayectoria de Cifuentes se podía observar que ya apuntaba maneras, que era digna sucesora de Aguirre. Sirvan como ejemplo sus afirmaciones defendiendo una absurda huelga a la japonesa el 8M y su absoluta tranquilidad al desmentirlas a pesar de que estaban grabadas o su desfachatez al no apoyar las reivindicaciones de los colectivos LGTBI de cara al Orgullo de 2016, a la vez que se victimizaba por no ser invitada a una manifestación cuyas reivindicaciones no compartía. O su hasta ahora mayor muestra de falsedad: seguir declarándose progresista y defensora de los derechos LGTBI después de no hacer nada e, incluso, reírse al escuchar como en un debate Xavier Horcajo hacía gala de una transfobia intolerable al comentar la inclusión de nuestra compañera Carla Antonelli en las listas del PSM [1]. O incluso peor: ser capaz de declararse una política comprometida con la ciudadanía y defensora de los servicios públicos a la vez que preside la comunidad con las tasas universitarias más caras, la mayor segregación escolar por razón de renta y la sanidad pública con mayores listas de espera, en definitiva la que ofrece peores servicios públicos o, lo que es lo mismo, la que menos protege a aquellos que más necesitan dichos servicios: las personas más desfavorecidas económicamente y más afectadas por una crisis cuyos efectos sigue sufriendo la población.

Pero estos días Cifuentes ha conseguido superarse a raíz del caso de su master regalado. Su capacidad de hacer afirmaciones a todas luces falsas ha alcanzado límites insospechados. Cifuentes nos ha dicho, con toda tranquilidad, que el proceso normal para el cambio de dos notas en una universidad consiste en que un profesor de una de las asignaturas mande un correo pidiendo que se cambie una de ellas a una funcionaria de otro campus sin competencia sobre la titulación en cuestión y que con eso basta para cambiar ambas; que es habitual que no haya ni registro de entrada en el sistema informático de la universidad ni pueda localizarse un TFM en plena era digital;  que es común matricularse en un master tres meses después de su comienzo; que es posible presentarse a un TFM sin que en el sistema informático consten todas las asignaturas como aprobadas; que no estaba coordinando un dispositivo de seguridad el mismo día que defendía su trabajo a pesar de que un comunicado oficial de la fecha afirma que sí lo dirigía; que aprobó un trabajo en el curso 2011-12 a pesar de que se ha acreditado documentalmente que pagó la tasa para defenderlo al curso siguiente; que defendió su trabajo ante un tribunal, a pesar de que una integrante del supuesto tribunal confirmó que dicho tribunal nunca se reunió; que no es responsabilidad suya sino de la universidad que el acta estuviera falsificada cuando se ha publicado que presionó a la universidad en busca de una coartada; que no puede mostrar la correspondencia con el director de su TFM debido a que perdió los correos electrónicos, mientras que el tutor afirma que su correspondencia nunca fue electrónica.

Tras todas estas afirmaciones obviamente falsas pronunciadas, y las muchas más que me he dejado en el tintero, sin ruborizarse, Cifuentes pronunció su mentira final, la más descarada, la que le permitió la proeza de superar a Aguirre: que su master es perfectamente legal ,que no hubo ninguna irregularidad, y que, en caso de haberla, es responsabilidad de la universidad, puesto que ella no sabía nada y es una mera víctima.

Y aun así en el día de hoy ha ocurrido algo más sorprendente que las mentiras de Cifuentes: en Ciudadanos la creen, si no del todo, si lo bastante como para defender que hace falta una inútil comisión de investigación para esclarecer lo que ya es cristalino. ¿O tal vez sea sólo una mera excusa para no apoyar una moción de censura tan urgente como necesaria? ¿Está poniendo excusas Ciudadanos para no ejercer sus tan firmes y tan cacareadas convicciones democráticas, de limpieza institucional, transparencia y lucha contra la corrupción? Tal vez nunca tuvieron dichas convicciones. Tal vez, como afirmó un compañero en un artículo escrito recientemente, no tengan ninguna convicción en absoluto: “Lo peor de Ciudadanos ya no es mostrarse populistas, es que no sabemos lo que piensan de verdad, porque es probable que ni siquiera tengan una opinión formada en la mayoría de las cosas.”

Carlos Solís

Militante de JSChamberí

Cifu

[1]: Xavier Horcajo comenta la inclusión de Carla Antonelli en las listas del PSM por parte de  Tomás Gómez mediante afirmaciones repugnantes repletas de transfobia mientras Cifuentes se ríe: https://www.youtube.com/watch?v=zAM0bCEL1as

 

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