Un gran problema: la dualidad. Y una posible solución: el contrato único.

Si hay un problema que realmente afecta al mercado laboral español (aunque no es el único, lamentablemente) y que debería preocuparnos es sin duda la dualidad.

Desde que en 1984 se crearan los contratos temporales actuales, el mercado laboral español ha estado dividido en dos clases de trabajadores: los temporales y los indefinidos. Originalmente los contratos temporales fueron creados para, como su nombre indica, actividades temporales. Sin embargo, con el tiempo, las empresas empezaron a utilizarlos como ‘’colchón’’ ante los problemas económicos: los primeros en ser despedidos en una crisis eran los temporales (y esta no ha sido diferente). No es casualidad que los primeros en ser despedidos sean los temporales. Estos no están protegidos por los sindicatos, cobran bajos salarios y no tienen o no suelen tener indemnización por despido, al contrario que los indefinidos.

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Como vemos en este gráfico, el ajuste de la crisis se ha repartido de manera desigual, afectando gravemente a los temporales más que a los fijos.

Un mercado de trabajo dual como el que tenemos es el peor de los sistemas posibles. Mientras que un mercado regulado tiene la ventaja de ser menos volátil a costa de tener menor productividad y mayor duración del desempleo, un mercado dual genera una volatilidad similar a uno desregulado sin ofrecer sus beneficios.

Pero no sólo eso, hay que entender que la dualidad es un problema muy grave que afecta a España en múltiples facetas:

  • La dualidad afecta a los trabajadores, porque los divide en trabajadores de primera clase, muy protegidos, y trabajadores de segunda clase, dejados a su suerte en un mercado en el que por su regulación, les es muy difícil competir. Esto no solo hace al mercado laboral menos eficiente, sino que además es socialmente injusto.
  • Los más afectados por la dualidad son los jóvenes, los inmigrantes y los parados de más de 50 años.
  •  Afecta también a las empresas, pues estas prefieren despedir a los temporales antes que a un indefinido, simplemente porque los primeros son más baratos y fáciles de despedir, sin importar si son más productivos o aportan más a la empresa. No hace falta decir que esto merma la productividad de las empresas, pues los que trabajan en ella no son necesariamente los más productivos.
  • Nos afecta a todos, hace la economía menos productiva, hace que el empleo fluctúe más en las crisis, es socialmente injusto porque todos los ajustes recaen sobre unos más que sobre otros, hace que nuestro modelo productivo, por esta regulación laboral, tienda a favorecer negocios relacionados con la construcción o el turismo y no se centre en actividades más productivas. Al no tener una economía más productiva, los salarios y la recaudación del Estado se ven afectadas.

Una vez explicado el problema, sus causas y consecuencias, es hora de plantear una alternativa. Esta alternativa se llama contrato único. ¿En qué consiste? El contrato único consiste en aplicar un único contrato indefinido a todos los trabajadores, con lo cual dejarían de existir los contratos temporales como tal, para pasar a un modelo con un único contrato con indemnización creciente con el tiempo. Esto mitigaría la dualidad, pues se dejaría de medir a los trabajadores por su antigüedad y se medirían por su productividad, haciendo que todo el mundo pudiera competir en igualdad de oportunidades.

Con el sistema actual, los empresarios se encuentran con un problema a la hora de contratar. Por ley, el empresario tiene que convertir un contrato temporal a indefinido cuando hayan pasado dos años. Es una decisión muy difícil, porque el coste de despido aumenta de golpe, y, sobre todo en coyunturas económicas tan complicadas como la que atravesamos, un empresario no sabe si el año que viene tendrá que despedir. La solución más sencilla que toman es contratar temporales, e irlos rotando antes de que pasen dos años para así evitar tener que hacerlos indefinidos.  Y los temporales españoles rotan muchísimo: El 60% de los contratos temporales dura un mes (aunque depende del mes). Estos dos factores, la dualidad y la temporalidad (de la que hablaré en otro artículo) provocan una enorme inestabilidad en el mercado laboral.

La indemnización por despido que se incrementa con el tiempo tendría que empezar siendo baja (entre 10 y 20 días por año trabajado) e ir aumentando hasta los niveles actuales (30 días), así se salvaría la brecha entre tipos de trabajadores, y como la indemnización crecería poco a poco, y no de golpe como sucede ahora, los empresarios no tendrían motivos para despedir a los trabajadores rotándolos.

Este es un problema que debería preocuparnos sobre todo a los jóvenes, sin duda el colectivo más afectado (no hay más que ver las tasas de paro juvenil tan desorbitadas de España). Sin trabajo, los jóvenes no tienen recursos para independizarse, conseguir casa propia y tener hijos, lo cual acaba afectando también a la natalidad. Estamos dejando en fuera de juego a las nuevas generaciones, que son las que van a heredar nuestro país.

Por último, la idea del contrato único también tiene como objetivo simplificar la maraña contractual que tenemos. En España hay ahora mismo 35 tipos de contrato diferentes . Para las empresas, sobre todo extranjeras, es un lío tremendo que les hace pensarse dos veces invertir en España y que dificulta la creación de empleo. No es una buena idea espantar así a la inversión extranjera cuando es una de las palancas para salir de la crisis.

El actual gobierno del PP parece no tener ninguna intención  de acabar con este problema, así que es el momento de que los jóvenes pidamos soluciones concretas, y el PSOE plantee alternativas creíbles. Y en el terreno de las alternativas, el contrato único merece una oportunidad.

Andrés Medina,

Militante de JSChamberí.

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