Pequeñas grandes victorias

En Octubre del año 2012, el gobierno presidido por Ignacio González hacía público su ya famoso “Plan de Medidas de Garantía de la Sostenibilidad del Sistema Sanitario Público de la Comunidad de Madrid”. Diecesiete palabras de un título con el que, a priori, cualquiera podría estar de acuerdo, pero que nada tenían que ver con su contenido. Disfrazando las medidas de eficientes, el Partido Popular pretendía, ni más ni menos, que entregar la gestión de seis hospitales públicos y hasta 40 centros de salud a empresas privadas, modelo que hasta ahora sólo se había puesto en práctica en el tantas veces citado Hospital de la Ribera, en la localidad de Alzira (Valencia).

Muchos son los hospitales que han sido construidos en la Comunidad de Madrid bajo el modelo PFI (Iniciativa de Financiación Privada): las empresas son concesionarias de los servicios no sanitarios, mientras que el Sistema Nacional de Salud aporta todo lo relacionado con la atención médica. Pero la propuesta de Ignacio González, en línea con los experimentos que ya había puesto en práctica la Generalitat Valenciana, suponía que toda la gestión, personal sanitario incluido, pasaba a depender de empresas privadas.

Seis fueron los hospitales seleccionados, y tres las empresas que concurrían a los concursos: HIMA Salud, empresa portorriqueña especializada en turismo sanitario; Sanitas y Ribera Salud. Ninguna de ellas optó a los hospitales de las demás, de forma que no hubo competencia en las ofertas.

Captura de pantalla 2014-01-29 a la(s) 00.17.37Ignacio González y Javier Fernández Lasquetty proclamaron las bondades de la gestión privada, asegurando que “la sanidad seguirá siendo universal, gratuita y de la máxima calidad”. Analicemos la idea con calma: la consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid debía costear dos elementos esenciales, por un lado, la gestión de los Hospitales hasta entonces públicos, y por otro, los servicios sanitarios prestados a la población. Es decir, Ignacio González pretendía pagar a otros para que se ocupasen de la labor que hasta entonces tenía su Consejería de Sanidad. Luego, ¿donde estaba el ahorro? Es sencillo imaginar que, si pretendían gastar menos pagando además un intermediario, la única forma posible era ahorrar en la atención sanitaria. De hecho, esa supuesta eficiencia jamás fue probada, y tan sólo sirvió para dejar en evidencia al ex-consejero de Sanidad, tan aficionado a inventarse cifras sobre la marcha. Sí se demostró, sin embargo, el coste de esta aventura: los madrileños pagaríamos más de 21.000.000€ al año por los caprichos de nuestro presidente.

Y si sus planes no suponían ningún tipo de ahorro, ¿cuál era el objetivo real de las políticas del PP en Madrid? No olvidemos que, quienes las querían poner en práctica, se dicen absolutos liberales; sostienen eso de que el dinero, donde mejor está, es en el bolsillo del contribuyente, obviando la consecuencia de su tesis: cuenta sólo con lo que tienes en tu bolsillo, y olvídate de cualquier ayuda, por dramática que sea tu situación. Y aunque sus postulados son la expresión absoluta de un egoísmo cruel, ni siquiera podemos acusarles de liberales. Porque aquí, en España, el Partido Popular le añade su toque de amiguismo chusco… ¿Es casualidad que ex-consejeros de Sanidad como Manuel Lamela y Juan José Güemes estén siendo investigados por hacer negocio con el sistema público de salud?

Seamos realistas; lo que pretende el gobierno de la Comunidad de Madrid es desmantelar un sistema eficiente y sólido con el pretexto del ahorro -¡qué excusa tan oportuna esto de la crisis!-, para repartirlo entre las empresas afines y hacer negocio con nuestra sanidad.

La sociedad madrileña no puede soportar más indignidad por parte de sus gobernantes. Y si Ignacio González se ha visto obligado a retirar sus planes es debido a la movilización implacable de los ciudadanos. Cada uno de nosotros, personajes anónimos que salimos a las calles, con batas blancas o sin ellas, a defender un sistema que nos garantiza el derecho más básico, somos los vencedores de este pulso a las políticas más falaces e incívicas de la derecha que nos gobierna. Hemos marcado una línea roja a fuego, que habrá de recordar todo aquél que vuelva a plantearse hacer negocio con nuestro Estado del Bienestar.

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¿Es esta la victoria? Ojalá, pero siempre que la caverna pretenda malvender nuestros derechos para enriquecer a unos pocos, y mientras haya quien anteponga el beneficio económico al beneficio social, harán falta ciudadanos concienciados y consecuentes con la ética social, que pongan freno a los desvaríos de este gobierno. Aunque no podemos relajarnos, por primera vez en mucho tiempo tenemos la prueba de que cuando luchas por lo que es justo, puedes vencer.

Álvaro de la Serna
www.guerreausilence.com

1 Comment

Etiquetas Opinión, Sanidad

Un comentario sobre Pequeñas grandes victorias

  1. Gonzalo

    En líneas generales el artículo es correcto en lo que cuenta.
    Mirando el detalle este obvia el gran problema de la sanidad pública, los escasos controles sobre la labor de los profesionales sanitarios implicados. Es un mal de la función pública en general.
    Un funcionario comprometido y con ética en el trabajo es lo ideal, es esas condiciones la sanidad pública está a años luz en calidad y costes de la sanidad privada. Lo malo son “los granos de arena en el mecanismo del reloj”, con esa arena el reloj se para o va mal, lentísimo y se acaba dañando. Todo por un muy mal control de la calidad e implicación en el trabajo DE UNOS POCOS.
    El debate a mi juicio está mal planteado en origen, no es entre sanidad pública y sanidad privada, o entre gestión pública y gestión privada, si no el debate debiera ser sobre LOS MECANISMOS de CONTROL y EVALUACIÓN en el sistema sanitario público.

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